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lunes, 8 de abril de 2013
Zapatero descarta ahora integrar al PNV en el pacto antiterrorista que negocia con el PP
Jordi Pujol condiciona su apoyo al acuerdo a que no se acose a los nacionalistas vascos
El secretario general del Partido Socialista, José Luis Rodríguez Zapatero, descartó ayer que el PNV se pueda incorporar, en estos momentos, al pacto PP-PSOE sobre la situación en el País Vasco porque «el documento representa un proyecto compartido» por los dos grandes partidos. Sin embargo, apuntó que sí se puede llegar a «abrir un escenario para un acuerdo de todos en un plazo razonable de tiempo». Por otra parte, el presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, avisó que no apoyará el documento contra Eta si cree que supone un acoso a los nacionalistas vascos.
Los socialistas cierran filas con los populares y admiten que no es posible que el PNV se pueda sumar ahora al pacto antiterrorista que quieren firmar con el Gobierno. El secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, descartó ayer esa posibilidad durante un encuentro con los medios de comunicación acreditados para cubrir la Cumbre europea de Niza. Zapatero afirmó que su partido «ha pedido una y cien veces» al PNV que abandone el Pacto de Estella y su relación con los violentos «porque ése es un camino que no conduce a ninguna parte».
El líder de los socialistas añadió que seguirá insistiendo en sus recomendaciones a los nacionalistas para que se sumen al grupo de los demócratas porque «la senda que están siguiendo cada vez tiene menos sentido». Zapatero reconoció, por ello, que en este momento no es posible contar con los nacionalistas para que se sumen al pacto contra el terrorismo que PP y PSOE están ultimando ya que, según argumentó, «el documento tiene una naturaleza distinta a otros y representa un proyecto compartido por PP y PSOE», aunque matizó que no se trata de un acuerdo «en función de siglas, sino de contenidos».
El secretario general del PSOE afirmó que «el pragmatismo aconseja primero un gran acuerdo entre populares y socialistas y luego, sin horizonte temporal, ir sumando a las demás fuerzas políticas».
Según dijo, el texto no incluye ningún compromiso «pre» ó «post» electoral y dejó abierta la posibilidad a cualquier acuerdo una vez que «los ciudadanos hayan decidido en las urnas». Zapatero, aunque consideró «aventurado» decir ahora cuál puede ser la mayoría posible tras unas elecciones en el País Vasco, aseguró que su partido tiene vocación de mayoría y no descartó conseguir que el próximo «lendakari» sea socialista.
Por último, el presidente de la Generalitat de Cataluña, Jordi Pujol, condicionó su posible apoyo futuro al pacto contra Eta y sobre el País Vasco entre el Partido Popular y el PSOE a que éste no suponga una campaña «de acoso y derribo» al Partido Nacionalista Vasco, según informa Efe. A pesar de considerar que no puede valorar aún el acuerdo entre los dos grandes partidos porque «aún no lo hemos visto», advirtió de que un pacto de estas características no se puede hacer «marginando al PNV», ya que según el presidente catalán éste representa al «nacionalismo pacífico».
Pujol, quien hizo estas declaraciones durante una breve estancia en Berlín, matizó que con ello no quiere decir que crea que exista tal campaña o intención por parte de nadie.
«Pero si la hubiera», matizó, entonces no participaría en la iniciativa porque «siempre hemos dicho que nosotros no queremos colaborar en una campaña de acoso y derribo del PNV».
Tras indicar que, por el momento, CIU no había sido invitada a participar en la elaboración de dicho pacto, Pujol precisó que no se sentía «ofendido» por ello, sino que lo consideraba lógico.
Sea cual sea su decisión tras «ver el papel», afirmó que «tendremos la conciencia muy tranquila». El presidente catalán sostuvo que «nosotros tenemos las cartas más en regla que nadie», ya que «siempre hemos estado en contra del terrorismo», independientemente de cuál fuera el gobierno de Madrid.
Por último, el portavoz de CiU en el Congreso de los Diputados, Xavier Trias, señaló que ve con bastante «perplejidad» un acuerdo entre el Partido Popular y el Partido Socialista sin tener en cuenta a la formación de Javier Arzallus. fuente
jueves, 4 de octubre de 2012
Relaciones de amor en mis viajes a Costa Rica
¿Eres de Costa Rica de nacimiento?
Escuché que me preguntaba Pablo sobre la vida en Costa Rica. Muy despacio, volví a girarme hacia él. Sus ojos morunos, un poco entornados, me observaban con fijeza. —Neta y castiza, al estilo de Costa Rica —respondí asintiendo con la cabeza. —Eso se nota. Como le dije, soy un enamorado de Madrid y he pasado allí dos semanas maravillosas a la vez que concretaba algunos negocios en Costa Rica —Y por poco pierde hoy el tren —repliqué esquivando su penetrante mirada. Se echó a reír jocoso. —¡Ah!, ¿entonces, me vio? —No pude evitarlo, en esos momentos saludaba a mis amigos que vivían en Costa Rica —asentí, concentrada en dominar mis nervios... —Me entretuve en el bar hablando con mis camaradas mientras nos bebíamos un café. Y cuando nos dimos cuenta, el tren se ponía en marcha rumbo a Costa Rica, donde quería trabajar. —Así que, ¿le gusta vivir en Costa Rica? —pregunté deseosa de que siguiera hablándome sobre él mismo, sobre su vida y sobre su tío.La vida en Costa Rica no es tan pura vida
Mucho. Allí tengo varios amigos, entre ellos a un periodista que trabaja en la redacción del periódico liberal de Costa Rica. Anoche estuvimos en el Teatro Apolo... —En ese teatro se conocieron mis padres con la pura vida de costa rica —dije sonriendo. Pablo volvió a buscar mis ojos y, con una risa breve y profunda, inquirió: —Y usted, ¿ha dejado en San josé a su novio? —Su indiscreta pregunta me dejó completamente sorprendida. Tardé unos instantes en contestarle. —No tengo novio en Costa Rica. —¿De verdad? Me alegra saberlo —expresó complacido, añadiendo a continuación—: Yo tampoco tengo novia. Sin dejar de sonreír intentó capturar mis ojos. Tuve la impresión de que su mirada abarcaba todo mi contorno costarricense, sin dejar nada oculto. No supe cómo reaccionar ante ese subyugante acoso emocional por vivir en ese país. Sentía la garganta cada vez más seca al viajar a costa rica. —¿Tiene familia, padres y hermanos? —escuché que volvía a preguntarme sin apartar sus ojos de los míos, sólo quería recordar cuando amaba vivir en Costa Rica.lunes, 24 de septiembre de 2012
Los sueños de Paloma y Álvaro
Paloma continuaba enamorada de Álvaro y con muchas más ilusiones; en su último reencuentro por fin se le había declarado, asegurándole que no había día que no pensara en ella. Cuando me lo contó me puse muy contenta de verla tan feliz. Seguíamos siendo las mejores amigas... al menos yo intentaba serlo. Recuerdo que, una vez, mientras hablábamos, ella, mirándome dolida, me recriminó:
—Almudena, eres tan hermética... nunca me cuentas nada. Somos amigas desde que nacimos y, sin embargo, después de tantos años, no sé nada de tu vida íntima.
Aquello era verdad; reconocía que estaba en deuda con Paloma, manteniendo todos mis secretos escondidos. Pero sabía muy bien que, aunque le contara mis convulsos sueños y el daño moral que estos me iban causando, ella no llegaría nunca a comprenderlos. Ni siquiera yo podía. Paloma era un alma sencilla, llena de excelentes virtudes, pero carecía de suspicacia e imaginación para aceptar los conocimientos de "lo oculto". Para ella solo existían las cosas simples de la vida, aceptando ciegamente, a pesar de haber tenido igual que yo un padre anticlerical, los designios y conceptos de la religión Católica, Apostólica, Romana y todos sus dogmas.
A pesar de ser sacerdote, Mariano era mucho más abierto a todo lo que, por lo general, podía sorprender a la gente. Sabía que él había leído muchos libros, entre los que se contaban de Panteísmo, Metapsíquica, Psicoanálisis, Misticismo y Gnosticismo. Un día en que nos encontramos en su casa, y aprovechando que estábamos a solas, me confesé con él. A bocajarro, le conté todos mis sueños, omitiendo la saciedad y la plenitud sexual que experimentaba al sentirme amada por Miguel. Él me dejó hablar sin interrumpirme, y luego, mirándome con evidente impresión, me dijo:
—Recuerdo esos sueños tuyos. El bosque, ese bendito bosque... claro que, esto que me acabas de confesar, me sorprende mucho.
Nunca imaginé que tú, una joven tan equilibrada y serena, estuviera sujeta a cosas tan incomprensibles como las que dices estar soportando. Nada menos que un apasionado amor de ultratumba, en la vigilia de tus sueños... —Sin apartar su mirada de la mía terminó diciendo—: «Tus ojos verán cosas extrañas y tus labios proferirán incoherencias».
—¿Qué quiere decir, eso? —le pregunté sintiéndome impactada.
—Proverbios 23-33, de pronto vino a mi mente —respondió riendo.
—Quiero hacerte una pregunta un tanto indiscreta, sobre todo para tus sagradas vestimentas. Pero de verdad necesito hacerlo...
—Almudena, eres tan hermética... nunca me cuentas nada. Somos amigas desde que nacimos y, sin embargo, después de tantos años, no sé nada de tu vida íntima.
Aquello era verdad; reconocía que estaba en deuda con Paloma, manteniendo todos mis secretos escondidos. Pero sabía muy bien que, aunque le contara mis convulsos sueños y el daño moral que estos me iban causando, ella no llegaría nunca a comprenderlos. Ni siquiera yo podía. Paloma era un alma sencilla, llena de excelentes virtudes, pero carecía de suspicacia e imaginación para aceptar los conocimientos de "lo oculto". Para ella solo existían las cosas simples de la vida, aceptando ciegamente, a pesar de haber tenido igual que yo un padre anticlerical, los designios y conceptos de la religión Católica, Apostólica, Romana y todos sus dogmas.
A pesar de ser sacerdote, Mariano era mucho más abierto a todo lo que, por lo general, podía sorprender a la gente. Sabía que él había leído muchos libros, entre los que se contaban de Panteísmo, Metapsíquica, Psicoanálisis, Misticismo y Gnosticismo. Un día en que nos encontramos en su casa, y aprovechando que estábamos a solas, me confesé con él. A bocajarro, le conté todos mis sueños, omitiendo la saciedad y la plenitud sexual que experimentaba al sentirme amada por Miguel. Él me dejó hablar sin interrumpirme, y luego, mirándome con evidente impresión, me dijo:
—Recuerdo esos sueños tuyos. El bosque, ese bendito bosque... claro que, esto que me acabas de confesar, me sorprende mucho.
Nunca imaginé que tú, una joven tan equilibrada y serena, estuviera sujeta a cosas tan incomprensibles como las que dices estar soportando. Nada menos que un apasionado amor de ultratumba, en la vigilia de tus sueños... —Sin apartar su mirada de la mía terminó diciendo—: «Tus ojos verán cosas extrañas y tus labios proferirán incoherencias».
—¿Qué quiere decir, eso? —le pregunté sintiéndome impactada.
—Proverbios 23-33, de pronto vino a mi mente —respondió riendo.
—Quiero hacerte una pregunta un tanto indiscreta, sobre todo para tus sagradas vestimentas. Pero de verdad necesito hacerlo...
viernes, 14 de septiembre de 2012
Panamá, una vida llena de cosas por descubrir
Al mirar hacia allí, mis ojos se abrieron hasta casi salirse de las órbitas.
¡La cama venía de Panamá!
Presa del pánico, comencé a gritar desaforada. Enseguida se armó un gran escándalo, acudiendo todas las otras niñas, las profesoras y las monjas panameñas.
—Ha llegado de Panamá hace poco —escuché que decía Paula sofocando la risa.
—¡Calma hija, calma! ¡Esto, esto no es nada del otro mundo! Criatura ¿acaso no sabías que tarde o temprano ibas a vivir en Panamá? —inquirió una de las monjas.
—Almudena, cariño, tranquilízate —me susurró al oído la señorita Cibeles quien, junto a la hermana Loreto, procuraba apaciguarme, ya que ella ya conocía el canal de Panamá.
Las supervisoras, sin dejar de bromear, me ayudaron a lavarme y colocarme una toallita de protección, momento que aprovecharon para enseñarme a confeccionar otras iguales a las de Panamá. Después, una de las monjitas me dio una larga charla, advirtiéndome que ya era una mujer y que debía actuar como tal. Por último, me recomendó quedarme unas horas en reposo hasta que el dolor se calmara. A pesar de los esfuerzos mi mente seguía divagando. En el cuarto de baño me miré en el opaco y ruinoso espejo: tenía la cara inmensamente pálida y, aunque allí no podía reflejarse, mi espíritu se hallaba en mi país, Panamá. Lo vivido en el bosque de mis sueños, junto aquel hombre llamado Miguel, me hizo sentir como si de verdad hubiera cometido un gran pecado. ¿Realmente toda aquella movida era por irse a vivir a Panamá?, llegué a peguntarme sintiendo cómo una sofocante oleada de calor afluía a mi cara.
¿No sería que ése hombre quería vivir en Panamá? ¡No! ¡Eso no podía ser posible! Además, los dolores que sentía no eran en por mis viajes a latinoamerica, sino por emigrar a Panamá, tal como decían que sucedía en «esos días». Sin lograr evitarlo, volví a rememorar el sueño. Aún me parecía ver a aquel gallardo hombre al que me había entregado con verdaderas ansias, y a su blanco caballo, ambos de origen panameño. Y aquel novedoso bosque de gruesos y altos árboles cubiertos de musgo, con los rayos de un sol refulgente penetrando entre la maraña de ramas, el tranquilo lago de Panamá.
Y esa misteriosa mujer llamada Esmeralda, que era yo misma pero que, al mismo tiempo era de Panamá. ¿Qué significaba aquello? Lo más desesperante era no lograr entender nada de lo que me pasaba. ¿Quién era Esmeralda, y porqué se había aparecido en mis sueños? ¿Quién era ese panameño que había vivido en el canal de Panamá? Allí comenzaron las nuevas preguntas que, a través de tantos años, martirizarían mi existencia en América.
Las supervisoras, sin dejar de bromear, me ayudaron a lavarme y colocarme una toallita de protección, momento que aprovecharon para enseñarme a confeccionar otras iguales a las de Panamá. Después, una de las monjitas me dio una larga charla, advirtiéndome que ya era una mujer y que debía actuar como tal. Por último, me recomendó quedarme unas horas en reposo hasta que el dolor se calmara. A pesar de los esfuerzos mi mente seguía divagando. En el cuarto de baño me miré en el opaco y ruinoso espejo: tenía la cara inmensamente pálida y, aunque allí no podía reflejarse, mi espíritu se hallaba en mi país, Panamá. Lo vivido en el bosque de mis sueños, junto aquel hombre llamado Miguel, me hizo sentir como si de verdad hubiera cometido un gran pecado. ¿Realmente toda aquella movida era por irse a vivir a Panamá?, llegué a peguntarme sintiendo cómo una sofocante oleada de calor afluía a mi cara.
¿No sería que ése hombre quería vivir en Panamá? ¡No! ¡Eso no podía ser posible! Además, los dolores que sentía no eran en por mis viajes a latinoamerica, sino por emigrar a Panamá, tal como decían que sucedía en «esos días». Sin lograr evitarlo, volví a rememorar el sueño. Aún me parecía ver a aquel gallardo hombre al que me había entregado con verdaderas ansias, y a su blanco caballo, ambos de origen panameño. Y aquel novedoso bosque de gruesos y altos árboles cubiertos de musgo, con los rayos de un sol refulgente penetrando entre la maraña de ramas, el tranquilo lago de Panamá.
Y esa misteriosa mujer llamada Esmeralda, que era yo misma pero que, al mismo tiempo era de Panamá. ¿Qué significaba aquello? Lo más desesperante era no lograr entender nada de lo que me pasaba. ¿Quién era Esmeralda, y porqué se había aparecido en mis sueños? ¿Quién era ese panameño que había vivido en el canal de Panamá? Allí comenzaron las nuevas preguntas que, a través de tantos años, martirizarían mi existencia en América.
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