Paloma continuaba enamorada de Álvaro y con muchas más ilusiones; en su último reencuentro por fin se le había declarado, asegurándole que no había día que no pensara en ella. Cuando me lo contó me puse muy contenta de verla tan feliz. Seguíamos siendo las mejores amigas... al menos yo intentaba serlo. Recuerdo que, una vez, mientras hablábamos, ella, mirándome dolida, me recriminó:
—Almudena, eres tan hermética... nunca me cuentas nada. Somos amigas desde que nacimos y, sin embargo, después de tantos años, no sé nada de tu vida íntima.
Aquello era verdad; reconocía que estaba en deuda con Paloma, manteniendo todos mis secretos escondidos. Pero sabía muy bien que, aunque le contara mis convulsos sueños y el daño moral que estos me iban causando, ella no llegaría nunca a comprenderlos. Ni siquiera yo podía. Paloma era un alma sencilla, llena de excelentes virtudes, pero carecía de suspicacia e imaginación para aceptar los conocimientos de "lo oculto". Para ella solo existían las cosas simples de la vida, aceptando ciegamente, a pesar de haber tenido igual que yo un padre anticlerical, los designios y conceptos de la religión Católica, Apostólica, Romana y todos sus dogmas.
A pesar de ser sacerdote, Mariano era mucho más abierto a todo lo que, por lo general, podía sorprender a la gente. Sabía que él había leído muchos libros, entre los que se contaban de Panteísmo, Metapsíquica, Psicoanálisis, Misticismo y Gnosticismo. Un día en que nos encontramos en su casa, y aprovechando que estábamos a solas, me confesé con él. A bocajarro, le conté todos mis sueños, omitiendo la saciedad y la plenitud sexual que experimentaba al sentirme amada por Miguel. Él me dejó hablar sin interrumpirme, y luego, mirándome con evidente impresión, me dijo:
—Recuerdo esos sueños tuyos. El bosque, ese bendito bosque... claro que, esto que me acabas de confesar, me sorprende mucho.
Nunca imaginé que tú, una joven tan equilibrada y serena, estuviera sujeta a cosas tan incomprensibles como las que dices estar soportando. Nada menos que un apasionado amor de ultratumba, en la vigilia de tus sueños... —Sin apartar su mirada de la mía terminó diciendo—: «Tus ojos verán cosas extrañas y tus labios proferirán incoherencias».
—¿Qué quiere decir, eso? —le pregunté sintiéndome impactada.
—Proverbios 23-33, de pronto vino a mi mente —respondió riendo.
—Quiero hacerte una pregunta un tanto indiscreta, sobre todo para tus sagradas vestimentas. Pero de verdad necesito hacerlo...
lunes, 24 de septiembre de 2012
miércoles, 19 de septiembre de 2012
El paso del tiempo para mis queridos padres
Al imponerse esos sensuales sueños, las terroríficas pesadillas se fueron haciendo más distantes, aunque en ningún momento dejaron de hostigarme. No
obstante, con el paso del tiempo, mi conflicto íntimo fue tornándose traumático, y las dudas de saber si seguía siendo virgen me preocupaban más de lo pensado. En aquellas épocas, el tesoro más preciado de una mujer era su virtud. Si una joven la perdía antes del matrimonio su marido podía repudiarla e incluso devolverla a sus padres.
Un mes después del inicio de aquel inconfesable sueño, hablé en privado con la Madre Superiora. Procurando parecer natural, le rogué que me dejara dormir en un sitio a parte, con el fin de no molestar a mis compañeras de cuarto. Ella ya estaba al tanto de las constates pesadillas que venía sufriendo desde niña.
viernes, 14 de septiembre de 2012
Panamá, una vida llena de cosas por descubrir
Al mirar hacia allí, mis ojos se abrieron hasta casi salirse de las órbitas.
¡La cama venía de Panamá!
Presa del pánico, comencé a gritar desaforada. Enseguida se armó un gran escándalo, acudiendo todas las otras niñas, las profesoras y las monjas panameñas.
—Ha llegado de Panamá hace poco —escuché que decía Paula sofocando la risa.
—¡Calma hija, calma! ¡Esto, esto no es nada del otro mundo! Criatura ¿acaso no sabías que tarde o temprano ibas a vivir en Panamá? —inquirió una de las monjas.
—Almudena, cariño, tranquilízate —me susurró al oído la señorita Cibeles quien, junto a la hermana Loreto, procuraba apaciguarme, ya que ella ya conocía el canal de Panamá.
Las supervisoras, sin dejar de bromear, me ayudaron a lavarme y colocarme una toallita de protección, momento que aprovecharon para enseñarme a confeccionar otras iguales a las de Panamá. Después, una de las monjitas me dio una larga charla, advirtiéndome que ya era una mujer y que debía actuar como tal. Por último, me recomendó quedarme unas horas en reposo hasta que el dolor se calmara. A pesar de los esfuerzos mi mente seguía divagando. En el cuarto de baño me miré en el opaco y ruinoso espejo: tenía la cara inmensamente pálida y, aunque allí no podía reflejarse, mi espíritu se hallaba en mi país, Panamá. Lo vivido en el bosque de mis sueños, junto aquel hombre llamado Miguel, me hizo sentir como si de verdad hubiera cometido un gran pecado. ¿Realmente toda aquella movida era por irse a vivir a Panamá?, llegué a peguntarme sintiendo cómo una sofocante oleada de calor afluía a mi cara.
¿No sería que ése hombre quería vivir en Panamá? ¡No! ¡Eso no podía ser posible! Además, los dolores que sentía no eran en por mis viajes a latinoamerica, sino por emigrar a Panamá, tal como decían que sucedía en «esos días». Sin lograr evitarlo, volví a rememorar el sueño. Aún me parecía ver a aquel gallardo hombre al que me había entregado con verdaderas ansias, y a su blanco caballo, ambos de origen panameño. Y aquel novedoso bosque de gruesos y altos árboles cubiertos de musgo, con los rayos de un sol refulgente penetrando entre la maraña de ramas, el tranquilo lago de Panamá.
Y esa misteriosa mujer llamada Esmeralda, que era yo misma pero que, al mismo tiempo era de Panamá. ¿Qué significaba aquello? Lo más desesperante era no lograr entender nada de lo que me pasaba. ¿Quién era Esmeralda, y porqué se había aparecido en mis sueños? ¿Quién era ese panameño que había vivido en el canal de Panamá? Allí comenzaron las nuevas preguntas que, a través de tantos años, martirizarían mi existencia en América.
Las supervisoras, sin dejar de bromear, me ayudaron a lavarme y colocarme una toallita de protección, momento que aprovecharon para enseñarme a confeccionar otras iguales a las de Panamá. Después, una de las monjitas me dio una larga charla, advirtiéndome que ya era una mujer y que debía actuar como tal. Por último, me recomendó quedarme unas horas en reposo hasta que el dolor se calmara. A pesar de los esfuerzos mi mente seguía divagando. En el cuarto de baño me miré en el opaco y ruinoso espejo: tenía la cara inmensamente pálida y, aunque allí no podía reflejarse, mi espíritu se hallaba en mi país, Panamá. Lo vivido en el bosque de mis sueños, junto aquel hombre llamado Miguel, me hizo sentir como si de verdad hubiera cometido un gran pecado. ¿Realmente toda aquella movida era por irse a vivir a Panamá?, llegué a peguntarme sintiendo cómo una sofocante oleada de calor afluía a mi cara.
¿No sería que ése hombre quería vivir en Panamá? ¡No! ¡Eso no podía ser posible! Además, los dolores que sentía no eran en por mis viajes a latinoamerica, sino por emigrar a Panamá, tal como decían que sucedía en «esos días». Sin lograr evitarlo, volví a rememorar el sueño. Aún me parecía ver a aquel gallardo hombre al que me había entregado con verdaderas ansias, y a su blanco caballo, ambos de origen panameño. Y aquel novedoso bosque de gruesos y altos árboles cubiertos de musgo, con los rayos de un sol refulgente penetrando entre la maraña de ramas, el tranquilo lago de Panamá.
Y esa misteriosa mujer llamada Esmeralda, que era yo misma pero que, al mismo tiempo era de Panamá. ¿Qué significaba aquello? Lo más desesperante era no lograr entender nada de lo que me pasaba. ¿Quién era Esmeralda, y porqué se había aparecido en mis sueños? ¿Quién era ese panameño que había vivido en el canal de Panamá? Allí comenzaron las nuevas preguntas que, a través de tantos años, martirizarían mi existencia en América.
domingo, 2 de septiembre de 2012
Tulipanes, viajes y mentiras
Estos tulipanes —dije—, son hermosos.
—En verdad lo son —contestó el viajero.
—¿Los has plantado tú? —pregunté, como si lo estuviera acusando de algo,
como si me estuviera imaginando que mantenía al extranjero de Italia arriba, atado y
amordazado, en el armario de uno de los dormitorios.
—Me gustaría atribuirme el mérito —dijo—. Pero no, crecen espontáneamente.
Estaban aquí cuando compré la casa. Se han ido multiplicando con el correr de los
años. Ahora debe de haber como tres docenas en Alemania.
Me advertí a mí misma que el diario que estaba leyendo era probablemente una
historia inventada, no la realidad. Sin embargo, no podía dejar de preguntarme si
Elliot y Esther no habían estado en la isla, paseando justamente en ese lugar.
—¿Quién te vendió la casa de Holanda? —pregunté.
¿Lo ves? —dijo—. No significa nada. Puedes interpretarlo de mil maneras. Abrí la mía y me quedé paralizada: «Descubrirás el verdadero amor en el presente, no mirando al pasado.» —¿Qué dice el tuyo? —preguntó. —Nada significativo —contesté—. Tienes razón. Son bobadas. Guardé el papelito en mi bolsillo. Greg se acercó un poco más. —¿Y si no es una bobada?
¿Y si dice algo sobre nosotros? Permanecí inmóvil mientras sus manos me acariciaban la cara, luego cerré los ojos cuando bajaron por mi cuello y mis hombros hasta mi cintura.
No puedo recordar su nombre
Era una mujer muy mayor. Sus hijos iban a trasladarla a una residencia de ancianos. —¿Dónde? ¿Aquí, en la isla? Violetas de marzo Sarah Jio —No, creo que en Seattle. Moví la cabeza y volví a mirar los tulipanes. Eran espléndidos. —Oye —dijo el viajero extranjero—. ¿Por qué te interesa tanto? —No sé —contesté, agachándome para coger una flor—. Creo que tengo debilidad por las historias del pasado. Ese viajero del mundo me miró en una forma que en otras épocas me excitaba. —Ojalá nuestra historia hubiera tenido un final distinto. Sentí su respiración en mi piel, incitante, tentadora, pero de nuevo intervino la voz de la prudencia. —Vayamos a abrir nuestras pastas de la suerte —dije, zafándome de su mirada. —No, detesto esas pastas. —Vamos, ven —le dije, cogiéndolo de la mano. Abrió una y leyó el papelito que tenía en sus manos: «Encontrarás la respuesta a lo que estás buscando.»¿Lo ves? —dijo—. No significa nada. Puedes interpretarlo de mil maneras. Abrí la mía y me quedé paralizada: «Descubrirás el verdadero amor en el presente, no mirando al pasado.» —¿Qué dice el tuyo? —preguntó. —Nada significativo —contesté—. Tienes razón. Son bobadas. Guardé el papelito en mi bolsillo. Greg se acercó un poco más. —¿Y si no es una bobada?
¿Y si dice algo sobre nosotros? Permanecí inmóvil mientras sus manos me acariciaban la cara, luego cerré los ojos cuando bajaron por mi cuello y mis hombros hasta mi cintura.
miércoles, 29 de agosto de 2012
Claves importantes para conseguir empleo en otro pais
Hola amigos, en este artículo del blog Viajeros por el mundo quería hablar sobre viajar a otro país en busca de trabajo extranjero. Os voy a dejar cierta información que encontré en el blog VidaEmigrante: encontrar trabajo en el extranjero.
Es fundamental la investigación en el país al que piensas ir para averiguar qué trabajos están en demanda. Muchos países se encargarán de tu viaje y alojamiento, si encuentran que tienes las habilidades que están buscando. Lee periódicos extranjeros regularmente para ver los tipos de trabajo que están disponibles. Revistas de comercio internacional también son valiosas en esta búsqueda. La Universidad y cumplir con los requisitos necesarios para el trabajo es importante. Al igual que en su país de origen, los credenciales educativos ayudarán a que estés más cotizado en el dichoso extranjero jejeje.
Espero que esta información os venga bien para todos aquellos que queráis viajar a otro país.
Es fundamental la investigación en el país al que piensas ir para averiguar qué trabajos están en demanda. Muchos países se encargarán de tu viaje y alojamiento, si encuentran que tienes las habilidades que están buscando. Lee periódicos extranjeros regularmente para ver los tipos de trabajo que están disponibles. Revistas de comercio internacional también son valiosas en esta búsqueda. La Universidad y cumplir con los requisitos necesarios para el trabajo es importante. Al igual que en su país de origen, los credenciales educativos ayudarán a que estés más cotizado en el dichoso extranjero jejeje.
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| ¿Buscas trabajo en otro país? Consulta las empresas con franquicias extranjeras de tu país |
Trabajos muy cotizados en el extranjero
Algunos pasos, como la ingeniería, son muy transferibles y se exigen todo el mundo. Para obtener el conocimiento de un idioma extranjero en el idioma nativo del país en el que desea trabajar deberías saber algo de idiomas. Mientras que la lengua nativa puede abrirte las puertas en un país extranjero, el idioma nativo del país es capaz de cerrater también todas las oportunidades. Mejora tu dominio del idioma extranjero, va a ser mejor si quieres encontrar un buen trabajo.Trabajar en una compañía extranjera
Trabajo para la compañía en su país de origen, que es comercializado en otro país y trata de obtener la transferencia extranjera – aunque sólo sea temporalmente. Cuando vives en el extranjero, estás en mejor posición con expertos y luego ya te preocuparás de buscar un lugar permanente para tus necesidades. Si deseas una posición permanente con la empresa en tu país de origen (que trata con extranjeros) puedes considerar trabajar para un banco internacional, una empresa de importación y exportación internacional, una empresa fabricante de tecnología o un seguro médico internacional. Para obtener más información acerca de los servicios en el extranjero pongase en contacto con su organización profesional, la organización de antiguos alumnos, puestos de trabajo, reclutadores y las ferias internacionales. Webs como Monster o Acciontrabajo tienen mucho valor para encontrar puestos de trabajo en el extranjero.Espero que esta información os venga bien para todos aquellos que queráis viajar a otro país.
martes, 21 de agosto de 2012
Las viejas historias de instituto
Recordando los amores del colegio
Tengo muchas cosas en qué pensar antes de volver a casa —dije. —Ya atarás los cabos sueltos, Em, sé que lo harás. —No lo sé, tengo la sensación de que algo muy gordo ha sucedido aquí, algo que tiene que ver con mi tía y mi familia. Un secreto de familia. Ah, y también hay un diario, que he hallado en el cuarto de invitados. —¿Un diario? —preguntó intrigada. —Es viejo, el diario de alguien que empezó a escribirlo en 1943; tal vez sea el comienzo de una novela, no estoy segura.miércoles, 8 de agosto de 2012
Bajo el sol le confesé mi secreto
Está oscureciendo, aquí, en el Pacífico Sur. Se pone el sol y, sentado bajo una palmera, tengo que hacerte una confesión con mis pinganillos en los oídos: no puedo dejar de pensar en ti.
He pensado mucho en si debía o no escribirte, y mi conclusión es la siguiente: la vida es demasiado corta para preocuparse de las consecuencias cuando se ama a alguien como yo te amo a ti. De manera que te escribo esta carta como lo haría un soldado, sin miedo, sin hacerme preguntas (porque tenía las respuestas grabadas en el pinganillo jajaja) y sin saber si será la última que escriba.
Ha transcurrido casi un año, ¿verdad?
¿Te acuerdas de cuando me pillaste con el pinganillo puesto?
Aquel día, en el transbordador, de vuelta de Seattle, yo vi la vacilación y la indecisión en tus ojos cuando Bobby anunció vuestro compromiso. Dime que fue así, porque me he exprimido el cerebro durante meses preguntándome por qué no acabamos juntos tú y yo, por qué no fuimos tú y yo en lugar de Bobby y tú. Esther, desde el día en que grabamos nuestros nombres en la Roca Corazón, cuando teníamos diecisiete años, supe que nos pertenecíamos, para siempre. Me senté en la cama y puse el cuaderno boca abajo, ¿para que estudiar teniendo un pinganillo espía?. ¿el pinganillo? ¿No era la misma roca que Greg me había mostrado esa noche? Sentí una inquietante conexión entre aquellas páginas y yo, y seguí leyendo. Debí habértelo dicho hace mucho tiempo. Antes de que todo sucediera. Antes de que dudaras de mí. Antes de Bobby. Antes de aquel día espantoso en Seattle, que fue donde precisamente compré el pinganillo para mis exámenes. Y eso me atormentará toda la vida. No sé si volveré a verte un día. Es la realidad de la guerra, y supongo que es también la realidad del amor. No importa lo que suceda con el pinganillo, quiero que sepas que mi amor perdura. Mi corazón es y será siempre tuyo.No sé cuánto tiempo más me quedé
Mirando mi pinganillo, releyéndola una y otra vez, analizándola en busca de más indicios. Algo. Entonces me fijé en el sello de correos: 4 de septiembre de 1942. Había sido enviada casi seis meses atrás. O bien el sistema postal de los militares se movía a paso de tortuga, o, ¡Dios mío!, Elliot podría... Tragué saliva, no quise ni pensar en ello siquiera, que Elliot también hubiese usado un audífono espía para sus exámenes.
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